La construcción del nuevo país, enmarcado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en la Ley Orgánica del Consejo Federal y su Reglamento, en las Leyes del Poder Popular, en la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (Locti) y en el Proyecto Nacional Simón Bolívar 2007- 2013, revela un conjunto de retos, particularmente, para los actores y sectores integrados por cultores y cultoras, científicos y científicas, tecnólogos y tecnólogas, que integran los sectores populares, en general y, académicos institucionales, en particular, quienes tenemos el compromiso de orientar la acción colectiva en materia inventiva, innovadora, científica, tecnológica y humanística. Por esta razón se hace necesaria la conformación del FRENTE BOLIVARIANO DE INNOVADORES E INVESTIGADORES (FREBIN).
Perentoria es la necesidad de identificar, organizar y mancomunar esfuerzos que permitan ofrecer respuestas a los problemas sociales, regionales y nacionales, a través de la incorporación de los cultores y cultoras, científicos y científicas, tecnólogos y tecnólogas, que integran los sectores populares, cuyo perfil debe contemplar la formación necesaria para ofrecer respuestas a los problemas del país. Lo anterior, facilitará orientar la investigación, de acuerdo a su ubicación territorial, elevando el desarrollo y la calidad de la ciencia, la tecnología y la innovación nacional.
Entre los retos de nuestro proceso revolucionario actual, destaca la necesidad de impulsar la transición de una sociedad capitalista hacia una socialista, particularmente, en los ámbito de la investigación y la formación de talento humano, con pertinencia social y pensamiento socialista, enmarcados en el nuevo proyecto de Nación.
Es urgente avanzar en la transformación de la realidad científica y tecnológica venezolana, en cuanto a velocidad de su producción, adecuación y pertinencia, así como también en la transformación y ajustes de los productos de innovación e investigación y en el perfil de profesionales que hasta ahora, han egresado de nuestras instituciones de formación tradicional (universidades, institutos de investigación y similares).
Es importante democratizar y socializar la ciencia, a través de la alfabetización y el conocimiento de códigos mínimos que permitan la dialéctica (Hegel, 1920), para crear y formar una masa crítica de activistas del conocimiento, profesionales capaces de apoderarse y adecuarse al conocimiento científico, usándolo conscientemente en cualquiera de sus formas, niveles o modalidades, tal como refirió Paulo Freire; “La ciencia y la tecnología, en la sociedad revolucionaria, deben estar al servicio de la liberación permanente y humanización del hombre"
En honor a la verdad, el ideólogo originario de la presente propuesta es el máximo líder de la Revolución Bolivariana, quien a pesar de los esfuerzos realizados, en particular y, por el Gobierno Nacional, en general, en establecer e impulsar desde el Ministerio del Poder Popular para Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), las líneas de investigación y programas de formación que conduzcan a la creación de ese hombre nuevo en ciencia y tecnología.
Un rápido diagnóstico nos permite deducir que los avances en ese sentido han sido insuficientes, quizá, debido a que no se establecieron los mecanismos y procesos necesarios que cambiarán, en su esencia, los aspectos para el desarrollo de la investigación y la formación del talento humano.
Es así, como identificamos algunas debilidades en el proceso, particularmente en los centros de investigación y formación en Venezuela, que se definen generalmente, por una estructura académica- administrativa rígida y con categorías verticales, donde se establece una pedagogía tradicional, apropiadas por las clases que se consideran superiores 1, colocando a los sectores populares en desventaja y en una situación de minusvalía y excluidos del proceso de formación universitaria en las áreas de la ciencia y la tecnología, desconociendo y desvalorizando el conocimiento popular y todos aquellos saberes que se alejen del academicismo formal.
Adicionalmente, nos encontramos con otras tantas dificultades, al identificar que el sistema educativo formal, desde el nivel primario hasta el postgrado, únicamente se dedica a enseñar la ciencia, sus contenidos, métodos y lenguajes, dejando a un lado sus características culturales, rasgos epistemológicos, los conceptos éticos que la envuelven y su metabolismo con la sociedad.
Ya lo mencionaba T. H. Kunt, cuyo libro La Estructura de las Revoluciones Científicas, aparecido en 1962, hizo evidente la crisis lógica positivista y la necesidad de desarrollar una imagen social de la ciencia. Lo citado, se hizo cada vez más claro, que la ciencia y la tecnología son procesos sociales, profundamente marcados por la civilización donde han crecido.
Por ello, el desarrollo científico y tecnológico requiere de una estimación cuidadosa de sus esfuerzos motrices e impactos, así como también, de un conocimiento profundo de sus interrelaciones con la sociedad donde se genera.
A los factores sociales aludidos se suma la crisis teórica de aquellas perspectivas de raíz positivista que ignoraban el papel de los factores sociales en el desarrollo.
Por otra parte y, a pesar de las estrategias desarrolladas desde el Estado venezolano, dirigidas a establecer una verdadera democratización y socialización de la ciencia y la tecnología, fundamentados en el sistema legal (Constitución Nacional, leyes del Poder Popular, el Proyecto Nacional Simón Bolívar y el Plan de Desarrollo Económico y social de la Nación 2007- 2013), las universidades e institutos de investigación tradicionales: autónomas y experimentales, parecieran permanecer indiferentes, pues siguen graduando profesionales (particularmente en las áreas científicas y tecnológicas), formados con diseños curriculares obsoletos. Ante esta realidad, se impone la necesidad de replantear y redefinir los problemas que, en nuestro contexto, involucran la producción de conocimientos útiles a la sociedad. En tales circunstancias, lo revolucionario está en integrar las fuentes primigenias de nuestro pensamiento natural, con el conocimiento académico, para poder avanzar en la construcción de la sociedad socialista que necesitamos.
Estas reflexiones imponen la necesidad de pensar en la preeminencia de lo humano al momento de tomar decisiones políticas, económicas, técnicas o de otra índole, asumiendo el contenido ético-político del trabajo científico; es decir, la no separación entre valores y ciencia, entre finalidades políticas y búsquedas científicas.
En tales circunstancias, debemos señalar que la ciencia, la tecnología y las humanidades, no son neutras, todas ellas constituyen procesos sociales, sujetos a la orientación política que se les imprima con relación al desarrollo humano en todos sus ámbitos. De hecho, se necesitan determinadas condiciones humanas, además de una expresa voluntad política de compromiso ideológico, para que la ciencia pueda contribuir con la transformación social.
En tal sentido, para ofrecer respuesta a los planteamientos antes señalados el MCTI ha impulsado una serie de debates respecto a la relación conocimiento-sociedad, con miras a superar las dificultades en el desarrollo de la innovación, la investigación y en la formación de talento humano.
Es así como el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Pncti), contempló la conformación de las redes de investigación orientadas por áreas, como lo son: petróleo, gas y energía; soberanía y seguridad alimentaria; ambiente y hábitat; desarrollo sustentable y educación, entre otras. Igualmente desde la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), se ofrece, recientemente (2010), la maestría ciencia-tecnología y sociedad. Sin embargo, se ha avanzado lentamente, por este motivo es hora de rectificar y trabajar para fortalecer las debilidades que se han presentado, surgiendo así la idea de crear el FRENTE BOLIVARIANO DE INNOVADORES E INVESTIGADORES
(FREBIN).
(FREBIN).
Para contribuir al avance de la independencia científica y tecnológica, fue oportuna la modificación aprobada de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI), el pasado 16 de diciembre de 2010. El instrumento legal permite recuperar para la ciencia, la tecnología y la innovación, los recursos que las empresas privadas recondujeron para ampliar sus capacidades de reproducción del capital o, en el mejor de los casos, para imponer la ciencia, la tecnología y la innovación que sirviesen a sus intereses y al de las trans-nacionales, desviando los recursos financieros correspondientes a la investigación, de las áreas prioritarias del país. En este sentido, el Programa de Estímulo a la Investigación y la Innovación (PEII) constituye una de las herramientas para la praxis de la LOCTI, asegurando la transferencia y el empoderamiento de conocimientos científicos, tecnológicos e innovadores hacia el pueblo, como necesidad vital hacía la sociedad venezolana que se transforma y avanza.
En síntesis, el FREBIN, buscará de establecer las bases para alcanzar la generalización del acceso al conocimiento, lo cual supone generar estrategias y recursos para impulsar el desarrollo integral de nuestro pueblo, superando los desequilibrios, gestionando los saberes plurales e impulsando esa otra realidad posible e impostergable: la internacionalización solidaria y cooperativa de los conocimientos, a partir de un proceso de liberación cultural y formativo, genuinamente venezolano y latinoamericano.
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1. Llamadas por Paulo Freire (1985); “Educación Bancaria” y por Prieto Figueroa (1959) “Educación de Castas”, caracterizadas y propicias para privilegiados, pero muy difícil e inalcanzable para los oprimidos (sectores de bajos recursos).





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